Arena en los zapatos

Carta abierta a los hombres y mujeres de la caravana del desierto. Por Albert Domenech participante en la caravana de noviembre de 2013

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Arena a los zapatos

Caen uno, dos, tres, mil granitos de arena que me he llevado de aquel paraíso infinito…

Todavía me escuecen los ojos de contemplar tanta inmensidad, tanta quietud, tanto silencio. Los días pasan rápidos en el país donde el tiempo no pasa. Marcan las horas mis pasos sobre la arena, y el ir y venir de un sol inmenso, majestuoso, potente, que nos da fuerza, y que nos regala la mejor de las noches en su adiós. Una cama de arena, mimado por una brisa fresca, nos embriaga de sueño después de subir y bajar por la noria de la vida, que son aquellas dunas que algún dios desconocido con turbante nos regaló ya hace muchos años…

Arena a los zapatos. Abro la bolsa, saco las botas, las giro, y todavía caen unos cuántos granitos de aquel desierto que todavía veo. Sonrío, y pienso que la magia de los días pasados ya nunca dejarán de existir, e imagino que siempre que los quiera revivir, sólo tendré que girar los zapatos para que todavía caigan unos cuántos tesoros relucientes que me recuerden la inmensidad del paisaje, y me recuerden todas las enseñanzas vividas, las lágrimas vertidas desde la sinceridad y la desnudez de la verdad compartida con las almas de los desconocidos que se han convertido en compañeros de viaje.

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Arena en los recuerdos… Y allí, andando sin importar el destino, aparecen sin previo aviso sombras y fantasmas de nuestras vidas. Una tras otro irán pasando, como postales antiguas que reencuentran luz y color, imágenes olvidadas que nos regalarán los besos y las lágrimas del pasado. Y una caricia se convertirá en una noche lujuriosa, y un adiós en una tristeza inevitable, y una copa de vino en un baile desenfrenado y libre, y una sorpresa en el mejor de los regalos, y un hermano en un confidente, y un padre en el regalo de la vida, y una madre en el amor más sincero… Y así, como aquellas fotografías que todavía guardamos en aquella caja de zapatos, hemos vivido en un espacio intemporal acompañados de todos los protagonistas de nuestras obras. Cómo si de actores de teatro fuéramos, nos hemos puesto sobre el escenario, y sin miedo hemos recitado los versos que nos han alimentado para avanzar en los días más difíciles.

Todavía tengo arena a los zapatos. Sonrío. Siento una agradable sensación. Vuelve el viento vigoroso y potente, y todas las imágenes de los días pasados se me presentan galopando en mi memoria, de golpe, mezcladas, como embriagadas por el impulso del recuerdo de esta arena eterna. Como caballos desbocados cabalgando por entre las dunas, saltando de la noche a la mañana como una danza ligera de los silencios compartidos. Palabras que nunca se dicen manan sin vergüenza impulsadas por una fuerza invisible que viene de las entrañas del tiempo, y de este modo vaciar amablemente el cuerpo del peso de los miedos y de las desazones.
¿Estoy aquí? Todavía no. ¿Seguro? Quizás todavía estoy allí. ¿Abriré los ojos y veré aquel cielo virginal y puro? Si, seguro que sí. Siempre que quieras cerrarás los ojos y estarás allí, porque ahora ya es tuyo. Seguramente no todo, para así poder volver a buscar todo aquello que todavía te falta de él. Y como un amante fiel, siempre esperará tu regreso… Quizás será en octubre, quizás el próximo año, quizás en un otra vida, pero ya nunca más podrás olvidar su aroma, su dulzura, su misterio, su caricia…

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Acabo de vaciar la bolsa. Estoy cansado. Supongo que la intensidad de estos días te deja un poco vacío. Las emociones impregnadas de calores, del suave cansancio del andar, se dimensionan en este paisaje mágico e incierto. Todo toma mucha fuerza. Y hemos intentado ser sinceros, y hemos compartido misterios, y pequeñas mentiras, y grandes verdades, y mejores sonrisas, y tiernas caricias, y un par de amargas lágrimas.

Todo esto, y todavía muchas cosas más que me dejo para las próximas aventuras, se me presentan ante mí hoy, un día después de volver de un sueño imaginario que yo no he vivido, de un viaje más no viajado, pero que la memoria de mis recuerdos me regalan como una extensión de vuestros días. ¡Y quien dice que no se puede viajar con la imaginación! ¿Quién lo dice? Yo no, porque si lo hiciera dejaría de sentir agradables canciones de una arena que todavía se deja caer de mis zapatos…

Vuelve suave, no te precipites, déjate caer sin presión ni exigencias en este nuevo día, que ya no es el camino del desierto, pero que todavía te regala un poco de arena a los zapatos…

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YzRTI1Y3RryxGs-dnvWQHmHsx3JGSgO5glMTW1rmO68Albert Domenech
Caravana Octubre 2013

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