Practicar el silencio para poder escuchar al otro

Hace poco asistí a un taller de comunicación que impartía Ferran Ramon-Cortés (http://www.5fars.com/#!ferran-ramon-cortes/c12ff). He leído algunos de sus libros y me gusta su discurP1040312so que casi no es discurso como tal por lo fresco, directo, respetuoso y abierto del mismo.

En el modelo de comunicación que Ferran compartió con nosotros, que tiene su origen en las enseñanzas de Oriol Pujol i Borotau, uno de los pilares en los que se sostiene la comunicación es, paradójicamente, el silencio. En concreto, el silencio interior.

El que escucha, o mejor dicho, los que escuchamos, a menudo combinamos esa delicada tarea con otras variopintas: opinar sobre el tema, juzgar al otro, intentar agradarle, hacer mentalmente la lista de la compra, desconectar sin irnos a ningún otro pensamiento concreto, tener ganas de interrumpir -o interrumpir- para contar nuestra versión de la historia, o para hacer preguntas, o para discrepar en alguna parte del relato, o…

Si el silencio “exterior” es difícil de mantener a veces, el silencio “interior”, seguramente, todavía lo es más. Tanto que, cuando a él me refiero, hay personas que no pueden encontrar ninguna experiencia propia que enlace con mis explicaciones. Personas que ni siquiera saben que existe.

El desierto es un gran maestro en esa atrevida y valiosa asignatura que podríamos titular “el silencio interior”.

 

Mònica Lapeyra

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