Recuerdos de mi desierto

Por Albert Domenech, participante en la caravana de Octubre de 2013

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Recuerdos de mi desierto
Viajar para reencontrar la simplicidad de las formas.

Andar para vivir el silencio.

Perderse en el inmenso infinito para refugiarte en tu interior y descubrir aquellos paisajes olvidados, aquellos que escondemos, aquellos que nos dan miedo.

Dejarse deslumbrar por un cielo imposible, que por instantes parece que puedas tocar estirando el brazo, alargando la mano.

Dormir en la oscuridad de la luminosa noche de las mil estrellas, para soñar en la libertad más absoluta los pequeños misterios que todavía guardamos en aquel cajón que nunca abrimos.

Dejar que pase el tiempo en su justa medida, sin prisas, sin empujones, jugando al escondite con  el sol.

Hipnotizarse con el fuego del atardecer y ver como las brasas se convierten en panes por arte de magia.

Andar en compañía de los sabios y sus elegantes camellos.

Andar y dejarse llevar por la experiencia abstracto del subconsciente.

Reír, llorar, escuchar, compartir.

Vivir intensamente con desconocidos lo desconocido. Los misterios del desierto.
Dunas eternas que, como un mar infinito, te regalarán un paisaje
sin horizonte ni referencias. Sólo tú y tu yo.

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