24 horas en el desierto

El día empieza, y lo sabes porque empiezas a sentir el sol. La noche es fresca (a veces, fría), pero el sol sale cada mañana.

Esto es nuevo: con los primeros rayos de sol del día, si quieres podrás añadirte a los suaves ejDSC_1241ercicios de Chikung que practicaremos. Si no, te irás desperezando despacio, saldrás de tu saco, te darás tu “ducha” a base de toallitas húmedas. Mientras, nuestros guías bereberes prepararán el desayuno, y mientras nos comemos el pan hecho la noche anterior con leña de desierto y harinas de diversos cereales, las mermeladas y quesitos, y nos bebemos el te con menta, empezarán a levantar el campamento.

Nos reuniremos para hablar un ratito de cómo estamos. Lo que haya, estará bien. Si surge el deseo de constelar, Oscar lo atenderá, entonces o por la noche.

AndaremosDSC_0581, aproximadamente unas 3 horitas. A veces apetece andar acompañado y compartir los pensamientos que el desierto hace aflorar; a veces prefieres andar en soledad, y disfrutar de tí, de las dunas que se van sucediendo una a una, de las sensaciones que trae el sol, el viento, la arena. Cuando el sol aprieta, nuestros guías nos ofrecen manadarinas para sentir algo fresco en la garganta. Durante las horas de más sol y calor, paramos a descansar, debajo de un árbol si encontramos un oasis, o bajo los tendales que nos preparan si no lo hay. Comida, siesta, charla.

Segunda parte de la caminata del día. Aunque quizás hoy querrás ir un rato a lomos del camello. ¡También está bien esa experiencia! Son simpáticos y serviciales, yo creo que les gusta cargar personas más que cargar paquetes.DSC_1069

Poco antes de que se ponga el sol, paramos y buscamos una duna bonita para subir a ver la puesta de sol. Los bereberes nos preparan te, galletitas o frutos secos. El espectáculo del día se da sin excepción.

Llega el espacio para el descanso y, también, la improvisación. Hasta la hora de la cena. DespuDSC_0665és de la infusión relajante de cada noche podrás decidir si duermes en las jaimas o te aventuras a dormir al raso sobre una duna solitaria. El aire fresco de la noche es tan rico y el cielo sostiene tantas estrellas que vale la pena probarlo.

Y al día siguiente, otra vez.

 

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